Dos chicos besándose

15.9.16


Harry y Craig tienen 17 años y están a punto de embarcarse en el beso más largo de la historia. No sólo quieren romper el récord mundial, sino que también buscan generar conciencia en la sociedad, mostrarles que no hay nada malo en que dos chicos se besen. 
Mientras los rodean las cámaras y una multitud, que los apoya tanto como los repudia, Harry y Craig logran llegar a las vidas de otros jóvenes que se encuentran lidiando con su sexualidad. Cada uno de ellos la transita de una manera distinta; algunos con aceptación y otros con tanto dolor que están al borde del abismo.
Gracias a V&R Editoras por el ejemplar.

Como en su momento con Éramos Mentirosos, intenté patear para más adelante lo más posible la lectura de este libro por el simple hecho de que, como todos, a veces pongo tantas expectativas en un libro que al leerlo, por más bueno que sea, me termina decepcionando. Y hoy les puedo decir que Dos chicos besándose tiene tantos temas para tocar que jamás podría hacer una reseña exhaustiva desde mi humilde lugar lector. Tendría que especializarme en tantas cosas para poder analizarlo desde todos los vértices que merece ser analizado que no me alcanzaría la vida para poder hacerlo. Es magnífico, dulce, respetuoso y crudo. Es atrapante y liberador. Es realista y esperanzador. Y Levithan hace magia.

Lo que me pasa con este libro es muy fuerte. Por un lado porque, a pesar de estar en un reading slump que ya lleva meses, lo terminé en dos días (y todo porque en el primero se me cortó la luz y no pude seguir leyendo). Por otro porque, como dije en una de las charlas de la Feria del Libro Infantil y Juvenil de este año, creo que (como me pasó con Éramos Mentirosos) subió la vara de la literatura juvenil.

Dos chicos besándose es un libro dirigido a un público muy grande, pero no es para todos. No pretende ser leído como un libro más dentro del YA. Hace una separación muy notoria entre los libros juveniles más light, que son igualmente necesarios, y los libros de este tipo, que buscan contar algo más que se esconde detrás de lo que leemos; nos obliga a leer entre líneas, a estar informados, a ser curiosos. Ya no somos lectores sino seres humanos que se cruzaron por A o por B con esta historia; ya no somos chicos, sino (jóvenes) adultos con conciencia social y con los pies puestos sobre la tierra. Somos personas con contexto, con una realidad, que cayeron en esas páginas así como podrían haber terminado leyendo cualquier otra... así que Levithan hace que nos llevemos algo para volver a leerlo más adelante. Nos hace entender cosas. Nos hace reflexionar.
Es muy extraño que todos pensemos lo mismo sobre algo. Algunos amaron y otros no pudieron. A algunos los amaron y a otros no. Algunos no entendieron el motivo de tanto alboroto mientras que otros lo ansiábamos tanto que morimos intentándolo. Y también hay algunos que no murieron por el sida, sino porque se les rompió el corazón.
Levithan escribió uno de los libros pilares en la literatura juvenil LGBT actual (así como muchos otros que aún no he leído, pero que conozco igual de bien que este). No sólo porque genera best sellers apenas se menciona su nombre ni porque simplemente toca la temática, sino que va mucho más allá de la historia “normal”, si se quiere poner de esos términos. No estamos hablando de dos chicos que luchan solos contra el mundo y de forma aislada para ser aceptados, como pasa en muchas novelas (porque al parecer los autores viven medio en un tupper y no se dieron cuenta de que, hey, esos dos adolescentes no heterosexuales de los cuales estás escribiendo no son los únicos del planeta, así como existe la lucha social por los derechos del colectivo LGBT desde hace muchíiiiiisimos años)... tampoco estamos hablando de dos adolescentes que luchan por sus derechos en un contexto con espacio y tiempo, solamente. Levithan lo lleva muchísimo más allá.

Dentro de este libro hay varias historias que suceden en esas 32 horas 12 minutos y 10 segundos en los que Harry y Craig deben de besarse para romper el récord mundial (¡algo que realmente pasó! ¡Y durante más horas!)... y digo esto porque, si vamos al caso, la primera vez que me leyeron la sinopsis, hice terrible cara. ¿Qué clase de libro estúpido trata de eso? ¡A las diez páginas se te acaban las cosas para contar!
Si reúnes suficientes clósets, tienes el espacio para una habitación. Si reúnes suficientes habitaciones, tienes el espacio para una casa. Si reúnes suficientes casas, tienes una ciudad, luego una nación. luego un mundo.
Y, sin embargo, para variar, me equivoqué. Porque no se narra sólo la historia de Harry y Craig, dos ex novios, ahora amigos, que hacen eso por una buena razón (historia que, dicho sea de paso, es más profunda que sólo la idea de estar besándose por esa cantidad de tiempo)... también narra la historia de Ryan, un chico gay de pelo azul, y Avery, un chico gay con un gran secreto (que, si me conocen, sabrán cuál es automáticamente cuando comente que es algo que reclamé públicamente muchas -muchas- veces) y pelo rosa; la de Tariq, un chico de color y gay (¡hablame de grandes factores de discriminación en Estados Unidos!), que es la razón principal de ese beso que pretende ser larguísimo; trata la historia de Cooper, que aún no salió del clóset y es descubierto charlando con hombres en una sala de chat por sus padres, por lo que huye de su hogar. Trata también sobre Peter y Neil, que están de novios hace un año, y que, a pesar de que uno es abiertamente gay, el otro es u secreto a voces en su familia, que no quiere aceptar del todo a su hijo. Como dice mi no-tan-amiga Rainbow Rowell, hay más de dos chicos besándose en esta novela... incluso cuando no se trate físicamente de un beso.

Trata, también, de toda una generación que murió a causa del sida, cuando los gays “no importaban tanto” y cuando no había gente heterosexual, blanca y de clase alta enferma, por lo que tampoco había avances en la investigación. Trata sobre esa generación que le precedió a Levithan de una forma tan cruda y dura, pero a la vez tan bien tratada y de una forma tan respetuosa, que te dan ganas de hasta leerle un ensayo médico al autor.
Es difícil dejar de ver a tu hijo como a un hijo y comenzar a verlo como un ser humano.
Es difícil dejar de ver a tus padres como padres y comenzar a verlos como seres humanos.
Esta generación muerta es la que narra la historia. Apa, te agarré ahí, ¿eh? Es una generación omnisciente tanto en el libro como en la vida real: en el libro porque cuenta en tercera persona (y a veces en primera) aquello que ve en estos chicos tan parecidos a ellos, con tantas facilidades y muchas otras dificultades en una sociedad mucho más avanzada que la suya; y en la vida real porque te hace hacer un click inconsciente de que realmente son parte de toda la comunidad LGBT y todos aquellos que apoyamos el movimiento: fue una generación que murió por la causa. Fue una generación que encarnó en cuerpo y alma las luchas por los derechos y la humanización, por ponerlo de una forma, de la gente que no entraba en el cuadro perfecto de hombre/mujer o familia modelo. Es una generación que aún vive, en muchos casos, pero una gran parte de ella no; esa parte que no está no pudo ver crecer a sus hijos, no pudo decirles a sus familias cuánto las querían porque en esos tiempos (algo que, sorprentendemente, en muchos casos no cambió) la segregación que sufría venía incluso del seno familiar... una generación que, en muchos casos particulares, no pudo ser feliz.

Levithan hace magia con su libro. Sus lectores no son lectores, sino que es gente que tiene mucho para aprender y para enseñar. La sabiduría le sale por los poros, el amor se traduce en el teclado. Es un ser humano tan precioso que me dan ganas de armarle un santuario en la puerta de mi casa, a lo Gauchito Gil.
No besaremos más a nuestra madre. No veremos más a nuestro padre. No sentiremos el aire en los pulmones. No escucharemos más el sonido de nuestra voz. No tocaremos más la nieve ni la arena ni participaremos más de una conversación. Nos arrebataron todo, y lo extrañamos. Extrañamos todo. Aun cuando ahora no puedan sentirlo, tienen todo a su disposición.
Está claro que sabe de qué habla y de qué nos quiere hablar. A través de una prosa muy rara pero directa, que no gasta líneas de relleno, nos cuenta grandes historias de chicos como nosotros, que quizás están atravesando algo por lo que nosotros pasamos o estamos pasando, o con los que simplemente nos sentimos identificados a pesar de no haber tenido ninguna experiencia parecida.

Levithan crea personajes realistas, en situaciones igual de realistas y humanas. También crea una historia de la cual, al reseñar, no hay que hablar demasiado, porque no es lo importante. ¿Dónde vimos un libro en el que la historia principal no es lo principal? Es un libro que deja cabos sueltos a propósito, que se completa con la imaginación del lector, con su esperanza. Que no siempre contenta a todos, porque la vida en sí no es así, y que nos hace dar cuenta de que ya estamos bastante gradecitos para esperar todo el tiempo finales felices injustificados. Para ganarlos hay que luchar, y el que se queda sentado, esperando a que las cosas cambien, no gana nada.
Si hacen las cosas bien, la próxima generación tendrá mucho más de lo que ustedes tuvieron.
Dos chicos besándose es un libro obligatorio para todo aquel que quiera ser feliz. Van a derramar lágrimas, como me pasó, pero a través de ellas van a poder crecer muchísimo. David Levithan los va a enamorar mientras les da con un ladrillo en la cara para después pasarles cremita humectante, pero lo van a disfrutar. Y cuando se pongan cómodos y se lo lean de una sentada, chiflen así lo debatimos.

2 comentarios:

  1. Me encantó la entrada Flor. Al leerla me transmitió al momento en el cual leí el libro, pude volver a sentir aquello que me había gustado tanto. Creo que es como vos decís, lo principal no está en la historia, sino en la forma en la que se cuenta.
    Coincido en que a través del libro podés crecer mucho más como persona. Aunque uno crea que lucha por los derechos igualitarios, siempre se puede hacer un poquito más. Hay que comenzar a generar empatía con las personas, por más que nuestros gustos sean diferentes.
    Un saludo Flor!

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  2. Del autor tengo Boy meets boy y después de tu reseña me tienta rescatarlo de la estantería y ponerme a leerlo ahora mismo. Espero poder hacerme con Dos chicos besándose (eres la primera persona que consigue despertarme curiosidad por el libro xD).

    Saludos!

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