Cuando Dios era un Conejo

2.12.16

Éste es un libro sobre un hermano y una hermana.
Un libro sobre la infancia y el crecimiento, las amistades y la familia, el triunfo y la tragedia, y todo lo que discurre entre ellos.
Pero, sobre todo, es un libro acerca del amor en todas sus formas.
Qué alegría me agarró cuando encontré este libro en la mesa de saldos de Carrefour, por Dios. En serio. Hacía añares había visto la portada de este libro en una librería, y después nunca más lo encontré...

Doy gracias no haberlo hecho, porque no me gustó nada y ya estaría medio triste por haberlo comprado a su precio original. Que la historia me juzgue (la ratez), como diría Cobos.

Attachments

27.11.16


«Hola, soy el tipo que lee tu correo electrónico y estoy enamorado de ti...»
Beth y Jennifer trabajan en el departamento de redacción de un periódico. Son inteligentes, divertidas y muy buenas amigas. Lincoln O'Neill es el tipo que revisa sus correos, ese es su trabajo en la empresa. Debería haberles advertido la primera vez que transgredieron las normas, pero las dos parecen tan simpáticas... Le gustan, le gustan mucho, sobre todo Beth.
¿Podrías enamorarte de alguien a quien no has visto nunca?
Gracias a la editorial por el ejemplar

No me canso de darle oportunidades a gente que no lo merece *cofcofJohnGreencofcof*, así que, ¿por qué no iba a darle una más a esta autora? Después de mi fatídica lectura de Eleanor & Park y aún sin haber leído Fangirl (¿cómo puede ser, si es la única novela de ella que realmente me llamó la atención desde que salió?), me metí de lleno en Attachments para ver qué onda. Y, como dije en Twitter, me gusta su escritura... pero no termino de encajar con ella como persona.

Yo, Simon, Homo Sapiens

11.10.16


Simon ha hecho lo impensable: ceder al chantaje de Martin. O Simon se las ingenia para que su amiga Abby salga con Martin o este. le hablará a todo el mundo de los correos electrónicos. De los correos electrónicos que Simon, escondido tras un seudónimo, intercambia con un tal Bluegreen, que es el chico más divertido, desconcertante y adorable que Simon ha conocido nunca. Y es que Simon, pese a su afición al teatro, prefiere no exponer a los focos su identidad sexual. al menos de momento. Sin embargo, seguirle la corriente a Martin no será la solución a sus problemas, sino más bien el comienzo de un enorme embrollo.
¿Qué hará Martin si no consigue conquistar a Abby?
¿Cómo reaccionará Abby si se entera del chantaje?
¿Qué pensará Bluegreen de Simon si la intimidad de ambos queda comprometida?
Y, la cuestión más importante:
¿Quién demonios es Bluegreen?
Gracias a Ediciones Urano por el ejemplar.

Sigo buscando milagros como Éramos Mentirosos o Dos Chicos Besándose, que a pesar del hype terminan siendo todo lo que buscaba y más. Tengo que dejar de hacerlo. Tengo que bajar la vara. 

Ni siquiera sé cómo empezar esta reseña. No estuvo tan mal, pero definitivamente no estuvo tan bien. No sé. Que la historia me juzgue, pido perdón si me equivoco (?)

Lo que queda de mí

8.10.16


Addie y Eva son dos hermanas que están tardando en asentarse, para gran preocupación de sus padres. Así que cuando Addie da muestras de convertirse en el alma dominante, todos sienten un gran alivio. Sin embargo, Eva nunca llega a desaparecer. Su cuerpo no le obedece, pero ella sigue allí, y solo Addie lo sabe. Y, cuando descubre que existe la posibilidad de volver a caminar, a reír, a cantar… Se aferra a ella con todas sus fuerzas. 
Gracias a Editorial Océano por el ejemplar.

Lo que queda de mí es un libro que en su momento fue parte del boom YA: Kat Zhang tenía 19 años cuando se publicó, y más una semi distopía-ciencia ficción daba como resultado un best seller rapidito, que se vendería (y vendió) como pan caliente. Todos lo queríamos. Todos necesitábamos saber si iba a ser una obra maestra o un ejemplar súper ladri como lo fue The Host (y su autora en general).

Tardó varios años en llegar a mis manos, cosa que agradezco muchísimo. Si lo hubiera leído en el 2012 probablemente lo hubiera amado, pero hay tantos plot holes y cosas extrañas que no puedo darle más de dos estrellas en Goodreads. Y acá justifico el porqué.

Dos chicos besándose

15.9.16


Harry y Craig tienen 17 años y están a punto de embarcarse en el beso más largo de la historia. No sólo quieren romper el récord mundial, sino que también buscan generar conciencia en la sociedad, mostrarles que no hay nada malo en que dos chicos se besen. 
Mientras los rodean las cámaras y una multitud, que los apoya tanto como los repudia, Harry y Craig logran llegar a las vidas de otros jóvenes que se encuentran lidiando con su sexualidad. Cada uno de ellos la transita de una manera distinta; algunos con aceptación y otros con tanto dolor que están al borde del abismo.
Gracias a V&R Editoras por el ejemplar.

Como en su momento con Éramos Mentirosos, intenté patear para más adelante lo más posible la lectura de este libro por el simple hecho de que, como todos, a veces pongo tantas expectativas en un libro que al leerlo, por más bueno que sea, me termina decepcionando. Y hoy les puedo decir que Dos chicos besándose tiene tantos temas para tocar que jamás podría hacer una reseña exhaustiva desde mi humilde lugar lector. Tendría que especializarme en tantas cosas para poder analizarlo desde todos los vértices que merece ser analizado que no me alcanzaría la vida para poder hacerlo. Es magnífico, dulce, respetuoso y crudo. Es atrapante y liberador. Es realista y esperanzador. Y Levithan hace magia.

La literatura como herramienta

21.8.16

No hay muchas cosas que me hagan saltar la térmica, si quieren ponerlo en esos términos. Lo máximo que hice cuando un periodista, al referirse a la comunidad lectora, habló de bookstagrammers, booktuber y tuiteros (¿?), no sólo ignorando la existencia de bloggers sino también nombrando a twitteros (repito lo anterior: ¿?), fue publicar un par de tweets pidiendo que nos llamen por nuestro nombre (si estudiás para médico no te voy a llamar abogado, ¿o sí?).

Pero este domingo, mientras trabajaba (porque los púberes, como nos llama cuasi despectivamente el autor de la nota por más que hayan pasado años desde que dejamos atrás la pubertad, no sólo estudiamos sino que también trabajamos... incluso los domingos), me encontré con muchos booktubers utilizando el hashtag #RespectBooktubers. Entré de chusma a ver de qué hablaban, porque siempre hay algún que otro clickbait dando vueltas, y me encontré con "La literatura como espectáculo", una columna del diario Perfil firmada por Gonzalo Santos que habla sobre los booktubers y la literatura juvenil.

Si bien tenemos el honor de que el autor también nos mencione a los bloggers y a los bookstagrammers, se centra principalmente en los booktubers. Y antes de seguir, quiero aclarar que lo menciono porque todos mis amigos que se dedican a esto en Youtube saben qué pienso de la forma en la que lo utilizan, mis críticas y halagos, y mi opinión sobre las reseñas en formato audiovisual en general. Esto no quita que les saque mérito por su esfuerzo y por su labor, y se los hago saber. El que no me conoce no lo sabe, así que quería dejarlo en claro antes de hablar de la nota.

Como estudiante de tercer año de Comunicación Social (llamada Periodismo por muchos para quitarle mérito o para meterle concepciones negativas según su posicionamiento en la vida misma) suelo informarme al escribir, suelo buscar fuentes a la hora de informarme, y suelo leer críticas "profesionales" de libros, al igual que las de mis pares, porque si formo parte del ambiente creo que tengo que tener un panorama general de él. Eso es algo que los chicos entrevistados para la nota dijeron que no hacen, así que me parece importante decirlo. Incluso leo críticas de autores que escriben en Perfil, cabe aclarar. Pero no por eso tengo más o menos derecho a hablar de libros.

Las fuentes, creo, son súper importantes. Nombrarlas también. Cuando Santos, el autor, habla de que "especialistas" dicen cosas como “ahora los chicos leen en comunidad”, jamás dice qué especialistas. Esa frase en particular, porque puede ser que Santos no lo sepa (o quizás sí y decidió ignorarlo, lo cual me parece peor), es de Cristina Alemany, actualmente editora de #numeral y con un largo recorrido en el ambiente. Uno dice su nombre y no hay persona que no la conozca, que no la haya escuchado nombrar, o que, a pesar de no conocerla en persona o por terceros, sabe qué hizo por la literatura, principalmente la juvenil, en nuestro país.

Digo eso porque, a mi parecer, es importante saber quién dice las cosas cuando uno lee alguna afirmación de ese estilo. Como cuando muchos se sensibilizan cuando muchos (erróneamente) nos llaman "críticos literarios", no es lo mismo decir "especialistas", sin especificar de quién se habla para dejar que la mente del lector saque sus propias conclusiones, no siempre correctas, que decir "especialistas como Cristina Alemany, actual editora de #numeral (una editorial especializada en literatura juvenil), que hace más de veinte años trabaja en el ambiente". Digo, qué sé yo. Hablemos con hechos, porque si vamos a ningunear a toda una generación que lee, en palabras de Santos, "novelitas", hagámoslo bien.

El autor aprovecha para compararnos constantemente con el género y movimiento (aunque no sea realmente un género) pulp, el cual físicamente se caracteriza por ediciones baratas con tapas blandas y portadas llamativas. Pero también es uno de los primero géneros (ponele) en introducir en la literatura populacha, aquella que por precio, entre otras cosas, podía llegarle a todos, historias con temáticas LGBT. Además, Lovecraft fue parte del pulp. Digo, por si sonaba a algo insultante... nos compara con un movimiento que comenzó a introducir rupturas de estructuras ya establecidas y que tuvo como uno de sus referentes a nada más ni nada menos que H.P. Lovecraft. Yo me siento halagada, a decir verdad.

Cuando habla de las características compartida con los géneros del pulp y la literatura juvenil actual, habla de (y cito) "personajes sin mucho espesor psicológico con los que se puede generar una rápida empatía". Lo que a mí me gustaría saber, con el mayor de los respetos, es cuántos libros dentro del género "juvenil", denominado así por el mercado, leyó Santos. Me gustaría saber si además de Harry Potter (porque al hablar de literatura infantil y juvenil todos sacan a relucir esta carta) y los libros de John Green (suponiendo que lo haya leído), dos de los grandes exponentes del mercado de este tipo de literatura, pero no por eso buenos (en el caso de John Green, al menos en mi opinión), leyó otros de los grandes libros que recomendamos con personajes que tienen mucho espesor psicológico (¿¿¿???) y con los que nos identificamos o, como mínimo, desarrollamos empatía. Empatía, que es algo que creo que a él y a muchísimos otros, comunicadores o no, les falta.

Quisiera saber si Santos leyó La Lección de August de R.J Palacio, que trata sobre un chico de 10 años con el Síndrome de Treacher Collins que tiene que ir por primera vez a la escuela, en la que aprende a enfrentar obstáculos, a lidiar con la discriminación, a conocer la amistad. También quisiera saber si leyó El Único e Incomparable Iván de Katherine Applegate, que es una ficción sobre la historia real de un gorila de espalda plateada exhibido en un shopping, el cual enseña sobre crueldad animal, los derechos de los animales y la verdadera libertad. O GEORGE de Alex Gino (que trata, a través de la ficción, la identidad de género en la infancia), o Yo fui esclava de Shyima Hall (una no ficción -si tanto molesta la lo no real- sobre la vida de la autora, en la que fue vendida por su familia como esclava), o Pointe de Brandy Colbert (que habla de temas complicados como los problemas alimenticios, el secuestro y el abuso sexual), etcétera, etcétera, etcétera.

Me gustaría saber cuántos libros de literatura juvenil leyó Santos para hablar (y cito) de "libros cuyo fin no es estético sino económico –autores que buscan ganarse la vida escribiendo novelitas en un par de semanas–, y de los que la crítica “seria” no se ocupa, como tampoco se ocupa la escuela, lo que para un adolescente, se sabe, termina siendo un atractivo más". En una parte de la nota menciona a vampiros metrosexuales haciendo una mención implícita a Crepúsculo, libro que salió en el 2005 (¡hace más de diez años! ¡Hay que actualizar el repertorio!) y que no fue más que uno de los tantos detonantes del boom de la literatura juvenil. Menciona a "novelitas en un par de semanas", cuando GEORGE (sólo por poner un ejemplo de los muchos, muchísimos que hay) se gestó durante diez años antes de ser publicado por David Levithan, escritor y editor conocidísimo en el ámbito de la literatura LGBT. También habla de la crítica "seria" y de cómo esta no se ocupa, siendo que hace tiempo sus (nuestros, si hablo como estudiante y no como blogger) pares están ocupándose del tema... y que si uno no lo nota es porque, quizás, no le interesa el tema o lo que escribe el resto. Kudos a Fabiana Scherer por su sección #LectoresEnRed en La Nación, que al parecer no es un medio "serio".

Pero también menciona algo en lo que estoy de acuerdo: la escuela no se ocupa de la literatura juvenil. Quizás, en lo que no estemos de acuerdo es en la opinión sobre esto: por un lado está bien, sí, pero por el otro está mal.

Está bien porque la escuela nos acerca a libros que "jamás tocaríamos" (¿lo dice quién?) de otra manera. Está mal porque seguimos leyendo historias escritas en un contexto muy diferente, para público muy diferente, en condiciones y con objetivos extremadamente diferentes. Ahora, si me preguntan a mí, yo hubiera leído el Martín Fierro si no me lo hubieran dado en el colegio... pero como tuve alguien que me obligaba a interpretar lo que la escuela quería que interprete en vez de dejarme primero hacer una lectura privada para después analizarlo en comunidad, no voy a volver a tocarlo hasta pasados los treinta. Y quedan nueve años para eso.

Se entiende a dónde voy, ¿no? La discusión de la literatura en la escuela es algo que se tiene que dar (y que se viene dando), pero en la que no me quiero enfocar por el momento. La cuestión es, ¿hasta qué punto es un "insulto", si se quiere, que la literatura juvenil no se trate en la escuela? Supongo que Santos piensa que estas "novelitas" no merecen ser tocadas en el ámbito educativo, porque eso es lo que da a entender... pero, ¿quiénes somos para opinar sobre las cuestiones que atraviesan a una generación a la que no pertenecemos? Y me incluyo, porque yo hace unos largos (gracias a Dios) tres años que dejé la secundaria. Pero estoy, tengo entendido, un poquito más cerca de ella que Santos.

Lo que no entiendo, tanto como estudiante de Comunicación Social como lectora de la columna de opinión, es cuál es el objetivo de todo esto. Por un lado parece enfocarse en aclararnos que este movimiento no es algo nuevo porque en algún momento existió el pulp, por lo que lo nuestro no debería de ser llamado novedoso o no debería tomarse como un gran fenómeno. Por otro, criticarnos porque somos jóvenes (con la utilización de palabras con mucha carga negativa, y corríjanme si me equivoco, como púberes, video-niños, "videorreseñistas" -comillas puestas por el autor-...) y porque estamos en (y cito) "una sociedad que le suele dar a los púberes más autoridad que a los adultos"... como si eso no fuera culpa de los adultos, incluyéndome, que tienen el poder sobre los niños hasta cierto punto muy avanzado en sus vidas. O si el problema es que, en muchos casos, títulos de literatura juvenil venden mucho más que la literatura "seria". Repito: venden. Cuando Santos habla de que la literatura juvenil tiene un objetivo de mercado, ¿quiere decir que si voy a la librería me regalan El Conde de Montecristo o Madame Bovary? Porque utilizar este argumento me parece, como mínimo, triste. Todos los libros tienen un fin comercial, por más estéticos que pretendan ser o por más temas "serios" que toquen. No jodamos, muchachos. Todo libro es comercial.

Lucas Soares, cita el autor, canta la posta sobre todo esto, que creo derriba la misma nota en unas pocas líneas. Sobre la "literatura como espectáculo", dice que "eso es algo que no está ni bien ni mal, sino que viene a dar cuenta del signo de la época, ligado a una espectacularización de lo afectivo fagocitada por la democratización de canales de difusión que genera la web". Podremos tener nuestras distintas opiniones cuando habla de la espectacularización de lo afectivo, pero creo que el resto es exactamente eso. Todas las épocas históricas tuvieron representaciones de sus movimientos (sí, así lo llamamos), características, problemas, virtudes; ¿tanto problema con que nosotros seamos una más?

Y como critico la falta de un objetivo (ex o implícito) por parte del autor, más allá de criticar la nota que me pareció muy irrespetuosa con los booktubers y, por consiguiente, con todos los que hacemos lo que ellos a través de otros medios, es el siguiente: cuando se habla de "buen crítico literario", ¿por qué es bueno? ¿Por qué se adula la falta de emoción frente al libro, la "objetividad" (que, sorry, no existe), la falta de involucramiento en las reseñas? ¿Por qué la mayoría de las notas analizando el fenómeno insisten en querer hacernos quedar mal? Y aprovecho para que puedan leer las verdaderas respuestas de Maca Yanelli y las comparen con las partes que el autor utilizó en la nota (y presten atención, por el amor de Dios, cuando el autor le pregunta sobre si su carrera la alejó de la literatura juvenil; es exactamente lo que intento mostrar en este descargo).

Creo que hay una terrible subestimación de parte de otras generaciones para con la nuestra. ¿Por qué expresar emoción está mal? ¿La literatura no es arte? ¿El arte no está hecho para la reinterpretación constante, la interpelación del que acceda a él? 

We Need Diverse Books, por poner uno de los tantos ejemplos, que creo es el de más renombre, no se generó con un corazón de piedra y la búsqueda de "objetividad" a la hora de leer un libro. Las relaciones humanas hace tiempo (y en mi opinión jamás fue así, pero ponele) dejaron de darse sólo para reproducirse y sobrevivir a la época. Y si la literatura es un reflejo de todo esto, ¿en qué cabeza cabe que la literatura no pueda ser una "novelita" o una increíble obra de arte a pesar de no ser considerada una lectura clásica? ¿Por qué, entonces, las reseñas tienen que estar privadas de lo subjetivo, de lo emocional, de lo que nos hace humanos?

WNDB no se generó por críticos o comunicadores "profesionales", los cuales estaban muy ocupados leyendo libros "serios" y mirándonos desde arriba como para darse cuenta de que en la literatura falta diversidad en cuanto a temas de sexualidad, razas, religión, etcétera. Se generó por jóvenes, por lectores de literatura juvenil (si vas a escribir, hablar u opinar sobre un tema, por el amor de Dios, leé sobre el tema y leé literatura juvenil), por gente que decidió dejar de lado lo correcto para tirarse de cabeza hacia aquello que para ellos vale la pena.

Repito la palabra del día, del mes, del año: empatía. En vez de criticar a los jóvenes que leen literatura juvenil, ¿por qué no preguntarse por qué lo hacen y qué sacan de eso? En vez de criticar a jóvenes que leen, ¿por qué no acercarse a ellos para charlar de lo que leen, intercambiar opiniones sobre lo leído y los temas que comparten todos los géneros? ¿Por qué no dejamos de tenerle miedo a lo que no es igual a lo que nosotros hacemos?

La literatura juvenil no nace de un repollo, sino que es escrita por seres humanos. Gente real. Feministas. Genderqueers. Personas que están en contacto con lo que los rodea, que son permeables a su entorno. 

La literatura es una herramienta de reflexión y (auto)reconocimiento. Es dialogar y compartir. Es disfrutar de lo que uno lee por disfrutarlo, no porque tiene que leerlo o analizarlo. Y la literatura no es espectáculo. Y si un lector así la considera, entonces le recomiendo que se replantee por qué lee y qué lee. Quizás, hablando desde la propia experiencia, no está leyendo lo que lo hace feliz.

Emmy & Oliver

5.8.16



Un solo día puede cambiar todos tus planes. Y aunque no sea por tu culpa ni tu decisión, sufrirás las consecuencias... ¿para siempre?
Emmy solo pretende hacerse cargo de su propia vida. Quiere salir, surfear y hasta estudiar sin el implacable control de sus padres. Pero ellos no se atreven a darle libertad; no desde hace diez años, cuando Oliver desapareció.
Oliver necesita tiempo para comprender. Creció pensando que su padre era genial. Nunca imaginó que lo tenía secuestrado, huyendo de su madre y de la ley. Descubrirlo y regresar a su ciudad hacen que su corazón tambalee y que ya no sepa bien quién es.
Emmy y Oliver iban a ser los mejores amigos siempre. Y podrían haber sido mucho más... antes de que sus futuros fueran destruidos. A pesar del espacio y el tiempo separados, Emmy nunca perdió la conexión interior. Pero ¿podrá Oliver reencontrarse con ella y con él mismo?
Una novela sobre los amigos, la familia, la identidad, los miedos cotidianos y el torbellino que significa crecer con un corazón partido.
Gracias a #numeral y a SomosBestYa por el ejemplar.

Lo bueno de tener un gran bloqueo lector es que no hay libro que no termine que no me parezca bueno, porque la mayoría lo dejo a las páginas porque sino no lo termino más, o me parecen copados hasta cierto punto (como Lo que queda de mí) y lo dejo a la mitad durante un mes para ir leyendo dos o tres páginas por días.

Y lo bueno de saber esto es que mi cerebro hace reseñas más largas, porque sabe que puede que la que vaya a publicar sea la única hasta dentro de un par de semanas, o más. No sé. Ya no niego el hecho de que mi cerebro necesita un descanso largo de todo, un año sabático de, no sé, LA VIDA. El trabajo, la facultad, los estudios, la presión que yo misma me pongo, el blog y toda la bola me están quemando la cabeza, así que voy a dejar de quejarme por todos lados... y prepárense para una reseña muy larga. Tráiganse un vaso de Coca o algo, vayan al baño y pongan la bolsa de agua ahora, que recién van a terminar de leer esto dentro de un año.